Somos los hippies del pueblo

familia_hippiePues si, desgraciadamente en este pueblo el tema de la crianza con apego no es algo demasiado conocido. De todo nuestro grupo de preparación al parto somos los únicos que colechamos, los únicos que seguimos con teta, los únicos que porteamos y los únicos que hemos optado por una alimentación sin papillas ni purés (blw).

¿Quiere eso decir que no nos llevemos bien con los otros padres con los que coincidimos en las clases de preparación al parto? Pues no, ellos tienen su sistema de crianza y nosotros el nuestro, evidentemente comentamos como hacemos las cosas y comparamos, cada uno cuenta que hace o como lo hace pero nadie critica a nadie y lo que es más importante, nadie intenta convencer a nadie de nada. Lo importante es que todos hacemos lo que consideramos lo mejor para nuestros hijos.

Y eso es lo importante ¿No?

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cupets

Desde hace unos días y gracias a Madresfera hemos podido probar en casa los cupets. ¿Y eso que es? Seguro que te estás preguntando, pues lo mismo me pregunté yo, que me apunté a la promoción sin saber muy bien ni que era y cuando llegó la caja me quedé alucinando.

Yo pensé que serían peluchitos pero no, son mascotas virtuales, digamos que son la versión moderna del tamagochi. Un bichete que tienes que cuidar, la novedad es que lo puedes hacer a través del móvil o la tablet. La otra sorpresa es que no me mandaron un bichete para probar, ¡Me mandaron doce! uno de cada.

La verdad es que con la nena y el perro no me veo capacitada para cuidar de doce mascotas por muy virtuales que sean, así que la solución ha sido repartirlos entre los niños de mi alrededor.

¿Como funciona? Pues solo tienes que descargarte la aplicación y activar al bichete. A partir de ahí puedes comenzar a cuidarlo. La única decepción que tuve es que mi móvil no es compatible con la app 🙁 menos mal que la tablet si y he podido jugar con ella, de todas formas es mucho más cómodo, el móvil para mi gusto es demasiado pequeño.

Los cupets viven en un salón y solo tienes que elegir la mascota con la que quieres interactuar. Cuando empiezas el juego aparecen algunas indicaciones guía para que sepas por donde ir.

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Sala de estar con los cupets

Para jugar con una de las mascotas solo tienes que tocarla y seleccionar que quieres hacer con ella, jugar, alimentarla Continue reading »

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Carta a un hijo

Acabo de leer esto en facebook, la verdad es que no suelo hacer mucho caso a estos textos que corren por la red, pero este me ha llamado la atención copio y pego tal cual y luego opino:

CARTA A UN HIJO

“Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me hallaba de mal humor.

Te regañé porque te estabas tardando demasiado en desayunar, te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta.

Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furioso te levanté por el cabello y te empujé violentamente para que fueras a cambiarte de inmediato.

Camino a la escuela no hablaste. Sentado en el asiento del auto llevabas la mirada perdida. Te despediste de mi tímidamente y yo sólo te advertí que no te portaras mal.

Por la tarde, cuando regresé a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puestos tus pantalones nuevos y estabas sucio y mojado.

Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos; que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte. Te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mi te indiqué que caminaras erguido.

Más tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa.

A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furioso porque no parabas de jugar. Con un golpe sobre la mesa grité que no soportaba más ese escándalo y subí a mi cuarto.

Al poco rato mi ira comenzó a apagarse.

Me di cuenta de que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude. Cómo podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido?

Luego escuché unos golpecitos en la puerta. ‘Adelante’… dije, adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación.

Te miré con seriedad y pregunté: ¿Te vas a dormir? … ¿vienes a despedirte?

No contestaste. Caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente.

Te abracé….. y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito.

Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suavemente en la mejilla.

Sentí que mi alma se quebrantaba.

‘Hasta mañana papito’ me dijiste.

¿Qué es lo que estaba haciendo?

¿Por qué me desesperaba tan fácilmente?

Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mí y ciertamente no eras igual.

Tu tenías unas cualidades de las que yo carecía: eras legítimo, puro, bueno y sobretodo, sabias demostrar amor.

¿Por qué me costaba tanto trabajo?,

¿Por qué tenía el hábito de estar siempre enojado?

¿Qué es lo que me estaba aburriendo?

Yo también fui niño.

¿Cuándo fue que comencé a contaminarme?

Después de un rato entré a tu habitación y encendí con cuidado una lámpara.

Dormías profundamente.

Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé.

Me incliné para rozar con mis labios tu mejilla, respiré tu aroma limpio y dulce.

No pude contener el sollozo y cerré los ojos.

Una de mis lágrimas cayó en tu piel. No te inmutaste.

Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio.

Te cubrí cuidadosamente con las cobijas y salí de la habitación……..

Algún día sabrás que los padres no somos perfectos, pero sobre todo, ojalá te des cuenta de que, pese a todos mis errores, te amo más que a mi vida.”

Y ahora mi opinión.

Esta carta sería aún más bonita si ese padre no hubiera tenido reparos en pedir perdón a su hijo no en silencio, si no en el momento en que se dio cuenta de que se estaba equivocando.

Ser padres no nos convierte en seres perfectos, si enseñamos a nuestros hijos que también nos equivocamos y que también sabemos pedir perdón les estamos enseñando una de las lecciones más valiosas que podemos enseñarles.

Los niños son niños pero ante todo personas y merecen sobre todo, respeto, cosa que muchos adultos olvidan.

“Me di cuenta de que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude. Cómo podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido?”

Gran error el de ese padre el no bajar corriendo a abrazar a su hijo. Mostrarse arrepentido y reconocer que se está equivocado no es ser débil ni es un error, al contrario, saber reconocer que se ha errado y pedir perdón demuestra tener el coraje y la valentía necesaria para reconocer tus propios errores. ¿Que clase de educación puede dar una persona que no respeta a otra y la trata con desprecio y a golpes?

Ese padre debería reflexionar y pensar si realmente ama tanto a su hijo como dice y si es así aprender que con golpes, desprecio y falso orgullo no se llega a nada.

Que pena me da ese niño que sufre maltrato físico y psicológico y a un padre que si siquiera tiene el valor de decirle “disculparme, te he tratado mal, no lo volveré a hacer, te quiero”. Pero eso si, luego se arrepiente y sufre en silencio, como si su hijo fuera una vulgar almorrana…

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