Re-educando a Froi.

Froi es un perrete que acaba de cumplir once años. Siempre ha tenido un carácter fuerte, durante muchos años hemos compartido casa sólo él y yo, nos teníamos el uno al otro y a nadie más. Dormíamos juntos, nos sentábamos en el sofá juntos, siempre tenía comida disponible. Cuando vinimos a vivir a Tudela pues fue lo mismo pero se nos unió Juanjo.

Esto era lo habitual, estar en el sofá y el acurrucado junto a nosotros.

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 O estar trabajando en el ordenador y no parar de llorar y de pedir hasta que conseguía lo que quería, que lo cogiera en brazos

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Como mucho a veces conseguía que se quedara quieto si le ponía la cama en una silla y pegada a mi

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Otra postura habitual, en el sofá encima mio

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O cómodamente repanchingado

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Desde hace unos mese estaba bastante dominante, empezaba a intentar imponerse demasiado, estaba demasiado “rebelde”. No tenemos muy claro si porque es cierto que notaba el embarazo o que se hace mayor y se está volviendo más gruñon, o simplemente es que se estaba tomando “demasiadas confianzas”. Puede que una mezcla de todo. Cuando empezó a mear en zonas prohibidas sin motivo y con “chulería” llegó al límite.

Así que en previsión a la llegada del bebe, hace un mes que empezamos un proceso de re-educación. Básicamente lo que hemos hecho ha sido quitarle privilegios para “bajarle los humos”.

Prohibido subir a nuestra cama, ahora duerme en su cama en el pasillo, para ello hemos puesto una barrera en la entrada de la habitación.

Prohibido subir al sofá en el que solemos estar, si que se le deja que suba al sillón.

Retirada de galletas premio, hasta ahora todo lo hacía a base de “sobornos”. Ahora en lugar de galletas para perros tenemos “picos” que son una especie de biscotes o trozos de pan duro (le encantan igualmente) y se usan menos sobornos.

Apertura de puertas y menos control. Lo explico. Hasta ahora la manera que teníamos de evitar que la liara era tenerlo permanentemente vigilado, no dejarlo solo en una habitación porque en el momento que estaba solo, la liaba (o lo intentaba). Es decir que si me iba a la cocina, lo hacía venir conmigo, si estaba en la salita lo hacía estar conmigo, si me subía al despacho lo mismo y la puerta cerrada o barrera para tenerlo controlado. La forma fácil de conseguir que entrara era a base de sobornos.

Resultados que hemos notado después de casi un mes:

Está mucho más tranquilo, aprendió rápido que ahora al sofá no se sube. Cierto es que lo intenta de vez en cuando (es muy dominante y no va a ceder así por las buenas). En estos casos se le empuja con suavidad para que baje, sin decirle nada.

Se deja tocar con más docilidad, últimamente ibas a acariciarlo y reculaba, no se dejaba tocar, ahora está más sumiso, como dice Juanjo uno no aprecia lo que tenía hasta que lo pierde.

Obedece un poco mejor, antes ponerle la correa para salir a la calle era un show, no se dejaba coger, por mucho que le dijeras que viniera no hacía caso porque se ponía a jugar y había que sobornarle para que viniera. Ahora remolonea un poco pero viene.

Estamos llegando a la conclusión de que las galletas que le dábamos tenían algún componente que lo excitaba, ahora al tener menos premios y ser estos de pan puede que también haya influido algo.

Solo ha meado fuera del tiesto una vez. Supongo que aún le puede su instinto dominante.

Al dejarle las puertas abiertas decide el mismo en que parte de la casa quiere estar, parece que esto le tranquiliza más que verse encerrado en una habitación, tiene una cama en la cocina, otra en la sala de estar – comedor y otra en el rellano de la planta superior. Pasa mucho rato en la cocina.

Los intentos de llamar la atención cogiendo cosas han bajado mucho, excepto los zuecos de trabajo de Juanjo, que les tiene adoración.

Las primeras noches noches apenas protestó por quedarse en el pasillo, a partir de la cuarta o quinta noche si que ha habido alguna protesta, algún lloriqueo que ha parado cuando ha visto que no conseguía nada. Hasta hace tres noches no había intentado entrar en la habitación y al final lo consiguió  pusimos mal la barrera y se coló, se le dejó entrar y estar en la habitación mientras no intentara subir a la cama, en cuanto lo ha intentado al pasillo y barrera puesta. La idea era dejarle entrar siempre y cuando no se suba a la cama, si se sube, fuera. La noche siguiente llegamos a la conclusión de que no había  sido buena idea, le dejamos entrar, estuvo prácticamente toda la noche en su cama, cuando intentó subir se le sacó de la habitación y se volvió loco, no a paró de rascar y de llorar para intentar entrar, al final tuvimos que ponerle la correa para que se calmara (en cuanto le pones la correa se somete y se tranquiliza, pero claro no es plan te tenerlo atado todo el tiempo), así que hemos dado un paso atrás, decidimos que a partir de ahora barrera en la puerta de la habitación.

Esta noche parece que ha ido mejor, como a aprendido a saltarse la barrera y era tarde no teníamos ganas de ponernos a hacer inventos así que le hemos dejado que entrara en la habitación, solo ha hecho un intento de subir a la cama y se ha pasado la noche en su cama en el pasillo o en la alfombra de la habitación. De momento si no hace intentos de subir a la cama lo dejaremos así. Ya veremos que pasa mañana…

En definitiva, está mucho más tranquilo, más obediente (dentro de lo que cabe) y más independiente, se tumba a su aire y “pasa” más de nosotros.

Supongo que está bien, pero tengo la sensación de que la que ha salido perdiendo he sido yo, a mi me gustaba dormir con  él acurrucado en la pancha o tumbarme en el sofá con él encima. En fin, si es lo mejor para que esté más tranquilo, me aguantaré.