Porque yo lo que quiero es que mi hija sea feliz, no superdotada.

“¡os ias, mamá!, ¡os ias, papá!, ‘os ias foi!” Y así nos despertamos cada día (os ias = buenos días)

“iaias, mamá” cuando le das algo. (iaias = gracias)

Y para nosotros es mucho más importante que aprenda esto a que aprenda inglés, a contar o a hacer raíces cuadradas con dos años. Y esto lo aprende simplemente viendo como lo hacemos nosotros.

Si, supongo que cada uno tiene sus prioridades, no queremos una hija superdotada y por ello no le pasamos bits, ni la estimulamos ahora que su cerebro “es una esponja” ni aprovechamos para meterle en la cabeza cosas que no necesita y que ya aprenderá en su momento.

Queremos una persona que sea educada y respetuosa con todo el mundo y sobretodo que sea feliz.

Lo que expongo a continuación es MI opinión, es lo que pienso y así lo expongo, sin intentar convencer a nadie y sin buscar que nadie se justifique si no piensa igual que yo. En este mundo todos tenemos derecho a tener nuestra opinión, si alguien se siente atacado que haga una retrospección y piense por que le sientan mal mis palabras, que mire en su interior, pero que no se intente justificar, no es necesario, cada uno hace lo que cree conveniente.

foto-de-niño-estudiando-con-muchos-librosRespeto a la gente que quiere estimular a sus hijos para que sean muy inteligentes, supongo que todos tenemos algún complejo que queremos compensar con nuestros hijos, pero estoy absolutamente convencida de que estimular a un niño para que “se haga más listo” es una pérdida de tiempo, los niños serán lo inteligentes que tengan que ser y forzarles “para que sean más listos” es similar a entrenarles para que sean buenos futbolistas o grandes bailarines de ballet o concertistas de piano, si van a ser unos cracks lo serán igualmente empiecen a los dos años o a los cuatro o a los ocho. Tu hijo/a será inteligente si tiene que serlo, de la misma forma que será guapo/a, alto/a o moreno/a. Tu hijo será lo que tenga que ser, por mucho que te empeñes en “adiestrarle” como si fuera un monito para que “aprenda cosas” que posiblemente en ese momento no le van a servir para nada y que no, no creo que recuerde en un futuro.

Y si resulta que es superdotado, prepárate, porque no, no te creas que tu hijo va a ser más feliz, posiblemente todo lo contrario, las personas superdotadas no son más felices, ni tienen más oportunidades, ni son más ricas ni tienen mejores trabajos.

Todo esto viene a cuento porque veo como la gente se vuelve loca intentando que sus hijos sean los más listos y se empeñan en “llevarlos a la guardería para que espabilen” o a clases de ingles con cuatro meses para “que se hagan bilingües” (menudo TIMO son las clases de inglés para bebés, si tu no hablas inglés ya puedes llevarlo a clases y gastarte la pasta, tu hijo NO será bilingüe en la vida, como mucho aprenderá el idioma, pero eso no es ser bilingüe).

Cuando Alba era pequeña (más pequeña de lo que es ahora) recuerdo haber leído en un blog como una madre buscaba la mejor guardería para 1302602916_0su niño, en una de ellas le vendían la moto de que a los seis meses enseñaban a los niños los colores. Otra contaba como a su hija de dos años le habían regalado un juego de colorear y no quería usarlo porque lo asociaba a las fichas que diariamente le obligaban a hacer en la guardería. Con dos años esa niña ya tenía la “obligación” de rellenar una ficha diaria. Pongo las comillas porque quiero pensar que si un día la criatura no quería hacer la ficha, no se la llevaba a casa de deberes.

¿Para que quiere un niño de seis meses aprender los colores? ¿De verdad es sano que a un niño se le haga aprender algo que no necesita? Se habla de no forzar a los niños a andar o a gatear o a ponerse en pie o a quitarles el pañal o el chupete o a comer con cuchara para respetar sus ritmos, pero a la hora de querer que aprendan cosas la cosa cambia, entonces nos parece estupendo “entrenarle” o estimularle para “aprovechar sus capacidades” y que desarrolle “todas sus posibilidades” ¿No es igual de insano forzar a un niño que no está preparado a andar que forzarlo a aprender cosas si no está preparado para ello?. “Es que en las clases de inglés se lo pasa muy bien, solo cantan” ya, y si al niño lo pones en pie y “le ayudas” a andar también se lo pasa muy bien, pero está demostrado que no es bueno para él, y si lo metes en un taca-taca ya ni te cuento lo bien que se lo pasa, pero hay países donde están hasta prohibidos.

Voy a hacer una comparación con algo que conozco relativamente bien y que a mi forma de ver demuestra que la naturaleza es sabia y que por mucho que nos empeñemos en forzarla, ella sigue su curso.

Cuando llega enero/febrero, en invierno, con el frío, te empiezan a entrar las ansias para preparar el huerto (en mi caso, macetohuerto) para la primavera, empiezas a preparar los semilleros, preparas las macetitas, plantas las semillas y dejas el semillero junto a un radiador para que germinen porque si las dejas “sin hacer nada” esas semillas no van a germinar, no lo van a hacer porque aún no es su momento.

Y te pasas meses vigilando los semilleros y dándoles calor y cuidando y haciendo mil cosas para que las plantitas crezcan. Y muchas de esas plantitas no llegan a tirar hacia adelante, porque no es su momento. Y se quedan estancadas por mucho que hagas. Otras si, van creciendo, lentamente.

Y cuando llega la primavera, pasas estas plantitas a macetas o a su sitio definitivo, las que han crecido y las que se han quedado estancadas y como hay varias que no lo han conseguido, llenas el hueco que falta con semillas recién plantadas.

¿Y que es lo que pasa? que en dos o tres semanas todas las plantas están igualadas, las que crecieron, las estancadas y las recién plantadas, estas plantas que has estado meses cuidando están igual de altas, de verdes y de frondosas que las que sembraste meses después. La naturaleza sabe cuando tienen que crecer las plantas, cuando tienen que empezar a desarrollarse y por mucho que nos empeñemos, ella es mas sabia que nosotros.

Pues a MI forma de ver, con los niños pasa algo similar. Puedes coger a un bebé de seis meses y “entrenarlo” cada día para que se aprenda los colores. A mi hija nunca le hemos enseñado ni los colores, ni a contar ni las partes del cuerpo por poner un ejemplo, le hablamos, cantamos con ella, le contamos historias pero solo con el ánimo de entretenernos, no “para que aprenda cosas”. Y resulta que sabe los colores, que sabe donde tiene los ojos y las manos y que el otro día nos sorprendió contando hasta diez. Supongo que como la gran mayoría de los niños de su edad. Puede que haya niños que hayan estado semanas para aprender los colores, a mi hija ahora le dices “esto es verde” y ya está, no hay que repetirlo, ni pasarle bits ni cantárselo mil veces. Solo se le dice una o dos veces y lo aprende, ¿Por que? Pues posiblemente porque ahora está preparada para aprender eso. Claro que yo no puedo presumir de tener una hija de dos años que “casi lee ya” (¿Casi lee o se ha aprendido cosas como un lorito y las repita sin saber que dice?) ¿Pero es que sabes que? Yo no quiero presumir de lo que hace o no hace mi hija, mi hija hará las cosas que quiera o pueda hacer y punto.

En fin, que ese es el motivo por el que creemos que Alba no necesita ir a una guardería “a espabilarse”, por el que no tenemos intención de que vaya a clases de ingles “para que se haga bilingüe” (juuuuasss!!) ni pensamos “estimularla” para que se haga más lista.

Dentro de unos años veremos los resultados.

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Colechando en el hospital

En la revisión de los 40 días me encontraron un quiste en el ovario derecho. Y no era un quistecito de nada, no señor, era un peacho quiste de seis por ocho centímetros, más grande que un huevo de gallina. Un teratoma me dijeron que era, y al parecer llevaba conmigo desde que yo estaba en el vientre de mi madre, toda la vida vamos. Si miras por Internet descubres que está compuesto de pelo, piel, uñas… Un amor vamos.

Lo que nadie se explica es como no me lo habían visto antes, pues yo tampoco, pero ahí estaba. Y había que quitarlo. Y para eso me tenían que ingresar… con un bebé de mes y poco. Y tendría que estar ingresada de tres a cuatro días.

Y cuando pregunté como podría hacer porque mi bebé estaba con la teta la respuesta en el Hospital Clínico de Valladolid fue: “Pues tendrás que buscarte la vida porque aquí no puede entrar, comprate un sacaleches o algo, pero aquí el bebe no puede entrar”

Así, a bocajarro, lo único que les pude responder fue un “pues si que fomentais la lactancia, si” y la respuesta de la médico fue encogerse de hombros. Muy empática ella.

La enfermera que además es conocida intentó tranquilizarme un poco, “mujer piensa que con las colas y los retrasos seguro que hasta pasada navidad no te operan, la nena ya tendrá cuatro o cinco meses, a lo mejor ya ni toma teta o ya comerá otras cosas”. Estupendo.

Solo de pensar en pasarme 3 o 4 días sin poder ver a mi hija se me partía el alma, no estaba segura de si se resentiría la lactancia, pero bueno seguro que no iba a ser. Aunque estaba segura de que mi madre y mi hermana vendrían a echarme una mano la pobrecita iba a estar tres o cuatro días sin verme.

Decidimos dejar pasar el tiempo y ver que pasaba, como me tenían que llamar antes para el pre-operatorio cuando llegara el momento ya veríamos que hacíamos. Yo empecé a prepararme, a sacarme algo de leche para dejarla congelada y a idear como podrían hacer para que Alba pudiera venir al hospital a tomar teta, ya me veía saliendo a la sala de espera para poder amamantarla o haciendo que me la entraran de extranjis en la habitación. Lo que tenía clarísimo es que no iba a dejar que la cosa se quedara en un “son normas del hospital” y que estaba dispuesta a hablar con quien hiciera falta para que dejaran entrar a mi hija para poder darle el pecho.

Y los meses fueron pasando. Y no me llamaban. Y yo cada vez que lo pensaba me ponía peor, porque una cosa es con un bebe de un mes que “no se entera” pero con los ocho, nueve, diez meses mi hija ya se enteraba de más cosas, y cuanto más crecía más me iba a echar de menos. Llegué a plantearme no operarme, total si llevaba conmigo 44 años el puñetero quiste un par de años más tampoco iba a pasar nada no?

Y un día, cuando Alba estaba a punto de cumplir los 10 meses recibí una llamada del hospital. Me decían que debido a las largas listas de espera de derivaban si quería a un hospital privado. Al principio pensé en decir que no y que así se alargara más la operación, pero luego caí en la cuenta de que peor que en el clínico no podía ser, igual en el hospital privado no me ponían pegas para que me trajeran a la nena un par de veces al día. Así que dije que si. Me dieron un par de hospitales a elegir y elegimos el Sanatorio del Sagrado Corazón. El mejor acierto.

Ya en las pruebas del pre-operatorio pudimos comprobar como todo el personal es super amable. Nosotros íbamos a las pruebas con la nena porque aquí estamos los tres solos y no tenemos con quien dejarla. La mayoría del personal cuando veía a Alba se acercaba a decirle monerías y en ningún momento nos dijeron que la niña no podía estar allí.

Una vez ya tuvimos fecha para la operación, fuimos a preguntar si la nena podría entrar para que le diera pecho. ¿La respuesta? “Si estas dando pecho la niña no puede separarse de ti, ir a la planta dos y hablar con Sor Teresa que es la que lleva el tema de los ingresos”. Sor Teresa que por cierto ya nos conocía porque era de las que se había acercado a decirle cositas a Alba nos dijo que por supuesto que podría venir Alba, es más, tomo nota para que nos dieran una habitación más grande para que pudiéramos estar cómodos y nos dijo que intentaría buscarnos una cuna.

Cuando me llamaron unos días antes para confirmarme que tenía que llevar y la hora a la que tenía que ingresar, hasta la persona que me llamó estaba al tanto de que iba a ir con un bebé porque estaba dando el pecho, vamos que se lo tomaron en serio. Así que nos preparamos para ir al hospital y hasta la trona nos llevamos.

Cuando llegamos a la habitación, nos quedamos flipando, esta es la única foto que tengo, está hecha desde la cama:habitacionhospital

Tela marinera, cabía el carro, la trona y quince cunas!! Uno de los sofás del fondo se hacía cama, así que hasta Juanjo pudo dormir como un rey. Yo creo que en una de las habitaciones normales nos habríamos apañado, solo con que dejaran entrar a Alba ya me conformaba, pero fueron tan amables de ponernos en esta donde se podía hasta bailar.

Al final cuna no nos pusieron, pero tampoco se nos ocurrió ni nombrarlo porque dudo mucho que Alba la hubiera usado y para que íbamos a molestar, si teníamos habitación de sobra.

Resultado, Alba pudo dormir conmigo las dos noches, solo estuvimos separadas la hora escasa que duró la intervención, nos atendieron con una amabilidad exquisita, incluso cuando vieron que Juanjo se preparaba con la nena para salir a comprar algo para comer, le dijeron que ya que el primer día yo no comía que le traían la comida a él, así que el primer día le trajeron la comida (yo ni me acuerdo), la cena y al día siguiente el desayuno. Vamos igualito que en el clínico….

También tuvimos un montón de visitas que teóricamente venían a ver como estaba yo pero que descaradamente eran para ver a Alba, como nos dijo Sor Blanca, es que se ven tan pocos niños por aquí… así que de vez en cuando venía alguien a ver que tal nos iba y de paso a hacerle alguna monería a Alba.

La primera noche intentamos que Alba durmiera con Juanjo pero no hubo manera, así al final la metimos en la cama conmigo, subimos la barrera y tan ricamente que dormimos, la segunda noche directamente ya la pusimos en mi cama. Ya no hubo tercera noche porque en tres días me dieron el alta, yo creo que tener la tranquilidad de poder tener a mi hija conmigo hizo que me recuperara muchísimo antes. Con las vueltas que le dí al tema y lo preocupada que he estado estos meses pensando en lo mal que lo iba a pasar, al final ha sido casi nada gracias a lo bien que me han portado con nosotros.

Me gustaría agradecer desde aquí a todo el personal que nos atendió en el Sanatorio del Sagrado Corazón de Valladolid el trato que nos dio, la comprensión y el cariño con el que nos trataron. Ojalá en todos los hospitales tuvieran el mismo trato y la misma consideración, esto si que es apoyar la lactancia.

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Definitivamente, somos bichos raros.

Desde que soy madre leo muchos blogs “de madres” (y “de padres” aunque de estos hay menos), es muy interesante porque aprendes de las experiencias ajenas y eso me gusta mucho. Leer experiencias de otros padres es a mi parecer una de las mejores formas de aprender como enfrentarte al día a día con tu hijo.

bicho raroHay una cosa que me llama la atención, siempre, antes o después en la mayoría de blogs me  encuentro con la típica entrada de queja sobre lo critica que es la gente con temas de crianza.

Muchas madres (y padres) se quejan (y con razón) de la intromisión de la gente de su entorno en la crianza de sus hijos, si dan lactancia prolongada, les critican, les dicen que su leche no sirve, que el niño pasa hambre, si portean les miran raro por la calle y les dicen que lo están malcriando, si optan por alimentar a sus hijos sin papillas ni purés (blw) a las abuelas les da un pasmo y todos opinan que el niño no está bien alimentado, si colechan la familia y la gente de alrededor se escandaliza y opinan que el niño se quedará durmiendo con ellos hasta los 20 años, si optan por un estilo de crianza respetuoso y con apego, resulta que están consintiendo al niño y se les va a subir a la chepa, los pediatras, enfermeros, el vecino, el carnicero, todo el mundo se cree con derecho a opinar y a criticar la forma de crianza que eligen.

No digo que no sea cierto, evidentemente lo es, peeeero cada vez que leo estas entradas tengo más la sensación de que somos unos bichos raros.

bicho raro IIAlba sigue con lactancia, tiene nueve meses y medio, nunca nos han puesto pegas, si he tenido que dar el pecho, lo doy y nadie nos ha puesto malas caras, más bien al revés, todo facilidades, si surge en la conversación que Alba sigue con pecho los comentarios siempre han sido del tipo “muy bien, eso es lo mejor que podéis hacer”.

Cuando vamos por la calle con Alba en la mochila, generalmente la suele llevar Juanjo, los comentarios son “que bien va ahí la nena”, “mira que a gusto está”, “que cómodo es eso no?”. Hasta desconocidos por la calle nos lo han dicho, pero nadie nos ha dicho que si porteamos se acostumbrará a los brazos ni nada por el estilo.

Si comentamos que Alba duerme con nosotros nadie dice nada, ni que bien, ni que mal, aún nadie nos ha dicho esto tan típico de “no querrá salir nunca de vuestra cama”.

empoderadaY con la “última modernez”, el BLW, está pasando lo mismo, cuando explicamos que Alba no come purés ni papillas, las respuestas suelen ser del estilo “muy bien, así se acostumbra a comer de todo”, como mucho un “y no se atraganta?” y cuando les dices que no, pues les parece estupendo, que mejor así y “menos tonterías ni chorradas”. De momento a nadie le ha parecido mal, hasta a la enfermera del centro de salud, que tenía yo mis dudas.

No sé si es la actitud que tenemos nosotros o si es que al tener ya cierta edad la gente se corta más, supongo que no es lo mismo encararse con una chica de 25 años que con una mujer de 44 años, o quizás es que estamos tan empoderados con el tema que no se atreven, pero de momento aún no nos ha “criticado” nadie. Por lo menos a la cara, igual a nuestras espaldas nos ponen verdes, quien sabe.

Que nadie critique ni opine lo que no le importa tendría que ser lo normal, pero parece ser que no lo es, una pena. Nadie tendría que creerse con el derecho de cuestionar la forma de crianza de los demás, sea familia, personal sanitario, conocido o vecino.

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¿Comeré berberechos?

Hace ya bastantes años estuve trabajando en una empresa de mensajería, gente muy maja todos. Recuerdo que una de las chicas de administración me contaba que le pirraban los berberechos, pero que desde que su hijo los había probado nunca más había vuelto a comerlos.

berberechosEl motivo era que al crío le encantaban también y claro, cada vez que los pedían en un bar o abrían una lata, veía al niño comerlos con tanto gusto que no era capaz de “quitarle” ninguno. Cuando lo contaba recuerdo que decía, “ya sé que puedo abrirme una lata cuando él no esté y comérmelos, pero no soy capaz, solo de pensar en lo que estaría disfrutando mi hijo, se me van las ganas”.

higadopolloYo pasé algo parecido con mi sobrino mayor. El hígado de pollo o conejo me gusta mucho, muchísimo, y mi madre siempre que había me lo preparaba para mi, al resto de la familia no le hacía ni fu ni fa, así que el hígado durante años fue solo para mi. Pero nació mi sobrino. Y creció. Y probó el hígado. Y la cagamos, porque resulta que le gusta tanto como a mi, así que cuando había hígado en casa mi madre lo preparaba para los dos, sé que podía haberlo compartido con él, pero me pasaba como a mi compañera, lo veía disfrutar tanto que prefería que se lo comiera él.

fresas

Sé que en un futuro a Alba le gustará algo con pasión, y sé que si es algo que también me gusta a mi no volveré a probarlo si está ella, porque sé que preferiré ver como lo disfruta ella. Creo que va implícito en el trabajo de madre.

De momento de la cosecha de fresas de esta mañana en el macetohuerto este ha sido el equitativo reparto, una fresa para papá, una fresa para mi, tres fresas para Alba. La grande para ella, por supuesto.

¡Aunque con un poco de suerte le pirrará el salmón ahumado y el que se chinchará será el padre!

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Somos los hippies del pueblo

familia_hippiePues si, desgraciadamente en este pueblo el tema de la crianza con apego no es algo demasiado conocido. De todo nuestro grupo de preparación al parto somos los únicos que colechamos, los únicos que seguimos con teta, los únicos que porteamos y los únicos que hemos optado por una alimentación sin papillas ni purés (blw).

¿Quiere eso decir que no nos llevemos bien con los otros padres con los que coincidimos en las clases de preparación al parto? Pues no, ellos tienen su sistema de crianza y nosotros el nuestro, evidentemente comentamos como hacemos las cosas y comparamos, cada uno cuenta que hace o como lo hace pero nadie critica a nadie y lo que es más importante, nadie intenta convencer a nadie de nada. Lo importante es que todos hacemos lo que consideramos lo mejor para nuestros hijos.

Y eso es lo importante ¿No?

familiaHipiie

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Carta a un hijo

Acabo de leer esto en facebook, la verdad es que no suelo hacer mucho caso a estos textos que corren por la red, pero este me ha llamado la atención copio y pego tal cual y luego opino:

CARTA A UN HIJO

“Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me hallaba de mal humor.

Te regañé porque te estabas tardando demasiado en desayunar, te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta.

Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furioso te levanté por el cabello y te empujé violentamente para que fueras a cambiarte de inmediato.

Camino a la escuela no hablaste. Sentado en el asiento del auto llevabas la mirada perdida. Te despediste de mi tímidamente y yo sólo te advertí que no te portaras mal.

Por la tarde, cuando regresé a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puestos tus pantalones nuevos y estabas sucio y mojado.

Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos; que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte. Te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mi te indiqué que caminaras erguido.

Más tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa.

A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furioso porque no parabas de jugar. Con un golpe sobre la mesa grité que no soportaba más ese escándalo y subí a mi cuarto.

Al poco rato mi ira comenzó a apagarse.

Me di cuenta de que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude. Cómo podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido?

Luego escuché unos golpecitos en la puerta. ‘Adelante’… dije, adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación.

Te miré con seriedad y pregunté: ¿Te vas a dormir? … ¿vienes a despedirte?

No contestaste. Caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente.

Te abracé….. y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito.

Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suavemente en la mejilla.

Sentí que mi alma se quebrantaba.

‘Hasta mañana papito’ me dijiste.

¿Qué es lo que estaba haciendo?

¿Por qué me desesperaba tan fácilmente?

Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mí y ciertamente no eras igual.

Tu tenías unas cualidades de las que yo carecía: eras legítimo, puro, bueno y sobretodo, sabias demostrar amor.

¿Por qué me costaba tanto trabajo?,

¿Por qué tenía el hábito de estar siempre enojado?

¿Qué es lo que me estaba aburriendo?

Yo también fui niño.

¿Cuándo fue que comencé a contaminarme?

Después de un rato entré a tu habitación y encendí con cuidado una lámpara.

Dormías profundamente.

Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé.

Me incliné para rozar con mis labios tu mejilla, respiré tu aroma limpio y dulce.

No pude contener el sollozo y cerré los ojos.

Una de mis lágrimas cayó en tu piel. No te inmutaste.

Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio.

Te cubrí cuidadosamente con las cobijas y salí de la habitación……..

Algún día sabrás que los padres no somos perfectos, pero sobre todo, ojalá te des cuenta de que, pese a todos mis errores, te amo más que a mi vida.”

Y ahora mi opinión.

Esta carta sería aún más bonita si ese padre no hubiera tenido reparos en pedir perdón a su hijo no en silencio, si no en el momento en que se dio cuenta de que se estaba equivocando.

Ser padres no nos convierte en seres perfectos, si enseñamos a nuestros hijos que también nos equivocamos y que también sabemos pedir perdón les estamos enseñando una de las lecciones más valiosas que podemos enseñarles.

Los niños son niños pero ante todo personas y merecen sobre todo, respeto, cosa que muchos adultos olvidan.

“Me di cuenta de que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude. Cómo podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido?”

Gran error el de ese padre el no bajar corriendo a abrazar a su hijo. Mostrarse arrepentido y reconocer que se está equivocado no es ser débil ni es un error, al contrario, saber reconocer que se ha errado y pedir perdón demuestra tener el coraje y la valentía necesaria para reconocer tus propios errores. ¿Que clase de educación puede dar una persona que no respeta a otra y la trata con desprecio y a golpes?

Ese padre debería reflexionar y pensar si realmente ama tanto a su hijo como dice y si es así aprender que con golpes, desprecio y falso orgullo no se llega a nada.

Que pena me da ese niño que sufre maltrato físico y psicológico y a un padre que si siquiera tiene el valor de decirle “disculparme, te he tratado mal, no lo volveré a hacer, te quiero”. Pero eso si, luego se arrepiente y sufre en silencio, como si su hijo fuera una vulgar almorrana…

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