El síndrome del nido

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La mayoría de mujeres cuando se quedan embarazadas experimentan hacía el final del embarazo el famoso y conocido “Síndrome del nido” que les hace tener unas ganas locas de adecentar la casa, de dejarlo todo impecable y preparado para el bebe y de montar habitaciones preciosas con todo puesto a punto para la llegada del nuevo habitante de la casa.

Incluso este síndrome afecta a muchos hombres, que sufren el mismo arrebato bricolajero y vuelven locos a montar armarios y estanterías y a pintar paredes y armarios.

Y así estos padres pueden luego presumir en sus blogs de esas maravillosas habitaciones decoradas hasta el último detalle.

Cuna09Pues bien, yo no sé si es porque nosotros somos hippies o si es porque somos bichos raros, pero yo aún estoy esperando que me entre esa fiebre limpiadora y organizadora. Con lo que confiaba yo en ella cuando estaba embarazada, que iba a ser la solución a nuestro problema de desorganización que se creó cuando me vine aquí y juntamos los trastos de dos casas. Pues no, nada, ni un poquito.

A lo más que llegamos fue a cambiarnos a una habitación más grande, a montar la cuna en nuestra habitación y a poner un par de cómodas con un cambiador. Esos fueron todos los preparativos decorativamente hablando. ¡Y lo que nos costó! que un poco más y nos pilla el toro. Eso si, el papel de la pared, comprado está.

Comoda_01Alba sigue sin habitación, y al paso que va la burra, lo que nos queda. Ya casi que a estas alturas nos esperamos un poco más y que sea ella misma la que elija como quiere que sea, Juanjo me ha prometido que antes de que cumpla los dieciocho años tendrá su habitación montada, pero yo no las tengo todas conmigo. Además ahora tenemos otra prioridad, eliminar peligros en toda la casa, que Alba en día menos pensado empieza a andar y aún no hemos puesto protectores en los muebles ni barandilla en la escalera, ni ná de ná. Si seguimos así Alba aprenderá a andar y con suerte a esquivar los peligros de la casa y eso que nos ahorramos 😛

Pero como todo, tiene su lado bueno, tenemos la excusa perfecta si alguien nos recrimina que aún duerme con nosotros. ¡No tiene otro sitio donde dormir! (pena que nadie nos dice nada, jope)

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